viernes, 17 de octubre de 2008

Apuntes sobre el Romancero gitano

Lorca es uno de los más representativos (y mejores) poetas de la Generación del 27, que, a su vez, es una generación poética excepcional cuya calidad contribuye, sin duda, a que la crítica hable del primer tercio del siglo XX como la Edad de Plata de nuestra literatura.

El Romancero se publica en 1928, aunque se escribió entre 1924 y 1927. Es su obra más popular y termina una primera etapa de su producción poética (Libro de poemas, Canciones, Poema del cante jondo, Romancero gitano). La popularidad excesiva del libro, motivada seguramente por un mal entendimiento, y la mala acogida por parte de algunos de sus amigos (Buñuel, Dalí) provocó que Lorca tratara de apartarse de sus temas e iniciara una nueva etapa con Poeta en Nueva York.

Lo gitano.

Lorca dice que el Romancero gitano es el poema de Andalucía, pero de una Andalucía antifolclórica y antiflamenca, de la Andalucía esencial de la que el gitano es lo más representativo porque es lo más puro y auténtico. Esa Andalucía es la suma de la cultura y los sentimientos acumulados en la zona a lo largo de la historia: romana, árabe, judía, cristiana…
Por otro lado, el gitano adquiere un claro carácter mítico. Representa el destino trágico, la imposibilidad de la realización personal, la libertad y la imaginación de los que viven de un modo distinto al establecido, y que están condenados a la muerte o la frustración en su lucha con las fuerzas naturales o con la sociedad.
Este mito gitano quizá le sirva a Lorca para proyectar su propia frustración personal, su choque con la sociedad encorsetada y, en definitiva, la imposibilidad de llevar a cabo una vida distinta, plena, libre, al margen de la establecida.

Un romancero

En el Romancero… se unen tradición y renovación. (En este sentido es una muestra ejemplar de la Generación del 27, cuyos poetas, al tiempo que adoptan con entusiasmo las innovaciones propias de las Vanguardias, muestran un gran respeto y veneración por la tradición, de la que se consideran continuadores.)

Es un romancero y se inscribe, por tanto, en una de las tradiciones poéticas más fecundas de nuestra literatura. A semejanza del Romancero Viejo- y de la renovación decimonónica del género iniciada en el Duque de Rivas y en Zorrilla-, los romances lorquianos presentan un carácter principalmente narrativo, al que se suman elementos líricos –propios del Romancero Nuevo y del romance modernista- por el deseo del poeta de que los poemas no perdieran calidad poética y capacidad de sugerencia. De ahí que, sobre la base de una anécdota (difusa en ocasiones como en Muerto de amor) que desarrolla una historia, aparezcan pasajes muy complejos, llenos de metaforismo y de condensación expresiva, que llenan de ambigüedad y hermetismo el poema, pero que no impiden la comprensión de la historia.

Un ejemplo.

Anécdota narrativa: Preciosa viene por la playa tocando la pandereta.

Elementos líricos superpuestos: la pandereta es una luna; la playa es un sendero anfibio, alternativamente de arena y de agua (que, a su vez, es un cristal lleno de laureles); el silencio, personalizado, huye y se refugia en el mar, que es como una noche misteriosa llena de peces y donde hay glorietas y caracolas tan fantásticas que, sin duda, han tenido que ser levantadas por gitanos (los gitanos del agua).

Se inscribe esta revitalización de un poema estrófico tradicional dentro del llamado neopopularismo, del que Lorca fue uno de los más importantes representantes.

Del Romancero Viejo toma Lorca muchos elementos aparte de la estrofa.

El más importante quizá sea el fragmentarismo.
Desconocemos casi todo de las historias, que son apenas breves fragmentos. Suelen empezar abruptamente, terminar en un final abierto y estar llenas de elipsis. ¿Quiénes y por qué pelean en Reyerta? ¿Cuándo ha recibido en su pechera los trescientos tiros el gitano del romance sonámbulo? ¿Qué sabemos de la monja gitana o de la casada infiel? ¿Se suicida Soledad Montoya? ¿Quién y por qué ha emplazado al amargo?...

La situación precisa de lo narrado en el tiempo:
“El 25 de junio le dijeron al Amargo…” “-Cierra la puerta, hijo mío; acaban de dar las once…” “Fue la noche de Santiago…”

La escasez descriptiva:
Lorca describe sólo lo que le interesa y también eso con escasez. ¿Cómo es Preciosa? ¿Aparte del pelo negro y la cara fresca, qué otro rasgo tenemos de la gitana del romance sonámbulo? ¿Sabemos algún rasgo, aparte del cutis más fino que el de nardos y caracolas, de la casada infiel? Incluso del Camborio sabemos poco: su voz de clavel, sus zapatos color corinto, sus medallones de marfil, sus empavonados bucles, su cutis amasado con aceituna y jazmín… (aunque sabemos lo fundamental: es digno de ser el amante de una emperatriz). De los paisajes podemos decir lo mismo.

Intervenciones directas del autor:
“-Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya”, “Antonio, ¿quién eres tú? Si te llamaras Camborio, hubieras hecho una fuente de sangre, con cinco chorros…”

El uso aparentemente caótico de los tiempos verbales:
“Voces de muerte sonaron… voces antiguas que cercan… Les clavó… En la lucha daba saltos…”

Frases coloquiales, formulas propias de la poesía épica
–“míralo por donde viene…” Ya la coge del cabello, ya la camisa le rasga…”- …

Estructura

El libro no es una mera recopilación de romances gitanos, sino que está claramente estructurado y los romances forman un conjunto ordenado y unitario. Es un gran retablo (políptico) formado por dieciocho imágenes que adquieren su valor pleno como partes del conjunto.

Los romances están numerados del 1 al 18 y están divididos en dos secciones: la primera, sin título, abarca los 15 primeros y la segunda que titula Tres romances históricos, abarca los tres últimos. En la primera parte Lorca presenta lo que C. Paepe llama mitos o tipos nuevos o actualizados de la mitología gitano-andaluza. En ella crea, dentro de un clima actual, moderno, nuevas visiones de lo gitano y funde y mezcla lo mitológico tradicional con el presente vulgar. En la segunda gitaniza y mitifica figuras del pasado pertenecientes a la historia religiosa (Martirio de santa Olalla y Thamar y Amnón) y de nuestra historia literaria (Burla de don Pedro a caballo).

Además de esta agrupación básica, existe una organización y trabazón que no está señalada de manera explícita. Paepe divide los quince primeros romances en tres secciones. Una primera, del 1 al 7, que es fundamentalmente la parte de los tipos y mitos femeninos. La segunda, del 8 al 10, es un intermedio entre la parte femenina y la masculina y está dedicada a los tres arcángeles y a las tres ciudades andaluzas de Lorca: Granada, Córdoba y Sevilla. Y una tercera, del 11 al 15, que es la de los tipos y mitos masculinos.

El 1, Romance de la luna, luna, es el prologo de toda la obra, de su sección (tipos actuales) y de su subsección (la parte femenina). Presenta el tema fundamental: el enfrentamiento de los gitanos con la muerte.

El 2, Preciosa y el aire, también tiene cierto carácter prologal, si en el primero representaba el enfrentamiento con la muerte, en este es el enfrentamiento con la pasión amorosa y la sexualidad.

El 3, Reyerta, completa estos primeros romances de enfrentamientos míticos representando las luchas seculares entre gitanos. [Para Paepe es el que tiene un sitio menos claro dentro de la estructura ya que parece encajar mejor en la parte masculina junto a los romances del Camborio. García Posada cree que está en esta parte femenina porque el motivo de la pelea es amoroso.]

Los cuatro romances siguientes presentan cuatro tipos femeninos y en ellos predomina el tema del amor frustrado.
La gitana del Romance sonámbulo (4) y Soledad Montoya (7), son dos tipos desesperados por la ausencia e invadidos por la pena secular y arquetípica de los gitanos. Probablemente las dos se suicidan.
La monja gitana (5) y la casada infiel (6) se enfrentan también con sus frustraciones amorosas: la monja, cuya fantasía e imaginación se ven constreñidas por la severidad de la vida conventual, y la mal casada, que conocemos a través del relato de un amante ocasional.

Los tres romances siguientes forman el intermedio geográfico, cada uno dedicado a una ciudad y a un arcángel: San Miguel a Granada (8), San Rafael a Córdoba (9) y San Gabriel a Sevilla (10). Estas tres ciudades marcan la zona donde suceden los romances situados en un lugar preciso. El último es una anunciación agitanada en la que el arcángel le dice a Anunciación de los Reyes que va a ser madre de cien dinastías, pero que esas dinastías van a tener un destino trágico. Se anticipa así el destino trágico de los tipos masculinos de la parte siguiente.

A continuación vienen cuatro romances que presentan a tres tipos masculinos de muerte trágica: Prendimiento (11) y Muerte (12) de Antoñito el Camborio, Muerto de amor (13) y El emplazado (14).

Los romances actuales acaban con un romance epílogo que narra la destrucción de la ciudad de los gitanos y de su mundo, el Romance de la Guardia Civil española (15). Después de esta destrucción quien busque el mundo de los gitanos debe buscarlo en el recuerdo del poeta. De ahí que los tres romances que quedan sean romances históricos situados en el recuerdo.

Además de este agrupamiento de los romances existen otros aspectos que dan cohesión estructural al libro. Así, el tema de la Guardia Civil es un tema apuntado levemente en los primeros romances y que va cobrando protagonismo hasta asumirlo de manera absoluta en el romance 15. Hay cierto juego y contraste cromático entre algunos romances: un romance verde, varios negros, uno negro y blanco… Elementos cristológicos: los tipos masculinos adoptan rasgos de Cristo en sus respectivas pasiones… El martirio de los gitanos en el 15 se relaciona con el de Santa Olalla en el 16. Etc.

Temas

Destacan sobre todo dos temas, que son quizá los dos temas esenciales para cualquiera: el amor y la muerte.

El amor es un amor frustrado [quizá porque el amor es siempre frustrado: “el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe”, escribe otro gran poeta de la Generación del 27] Está frustrada la pasión de los hombres y esa frustración los lleva a la violencia (el viento y Amnón) y también la de las mujeres, que acaba en el suicidio (la gitana del Romance sonámbulo y, seguramente, Soledad Montoya) o en la insatisfacción (la monja gitana y la casada infiel). Aunque también hay hombres que mueren de amor (el protagonista de Muerto de amor) y mujeres frías como la luna (Thamar).

La muerte en el Romancero… va unida a la violencia. No sabemos cómo muere el niño del Romance de la luna, luna, pero Juan Antonio el de Montilla, Antoñito el Camborio, el Amargo y Santa Olalla mueren de muerte violenta. Y toda la ciudad de los gitanos es destruida y sus habitantes mutilados y masacrados por la Guardia Civil.

Aunque se puede decir que el tema del amor frustrado predomina en la parte femenina y el de la muerte y la violencia en la masculina, ambos temas se extienden a lo largo de todo el romancero y de casi todos los poemas. En el primer romance, por ejemplo, la luna es la muerte, pero también una bailarina sensual que seduce al niño con su danza y que le enseña sus senos de duro estaño. Preciosa se enfrenta al viento, que representa la pasión sexual masculina, y esta pasión frustrada está llena de violencia. Reyerta es una pelea a muerte pero esa tarde enloquecida y llena de rumores calientes, personificada en una mujer que cae desmayada en los muslos de los jinetes que huyen, parece indicar que es la tensión erótica de una tarde calurosa la que la ha motivado. En el Romance sonámbulo, la pasión frustrada y la muerte se unen en el suicidio de la gitana; y su amante vuelve a morir con trescientas heridas en el pecho y la faja empapada de sangre. En los romances de la monja y la malcasada el tema es sólo la frustración amorosa, pero en el de la pena negra vuelve a unirse el desbocamiento de la pasión con la muerte. Etc., etc.

Mitos y símbolos.

Lorca crea en el romancero una rica mitología. Al referirse a los dos primeros romances habla de dos mitos inventados por él: la luna, que es una bailarina que es la muerte, y el viento, que es un sátiro que representa el deseo masculino. Sin embargo, no son los únicos, todos los personajes que aparecen en él tienen un halo mítico. Así, los gitanos, de bronce y capaces de hacer con el corazón de la luna collares y anillos blancos y de los que se nos presenta toda una serie de tipos míticos. Pero también, sus antagonistas: el viento y la luna, por supuesto, pero también la guardia civil y los centuriones romanos.

El Romancero gitano, como toda la obra de Lorca, está lleno de símbolos y simbolismo. Pero el uso de los símbolos creemos que no es unívoco. Seguramente no se puede hacer una tabla de equivalencias entre símbolos y significados de estos símbolos.

Así, la luna, que quizá sea su más conocido símbolo, no siempre significa la muerte. En el poema de la Guardia Civil, haciendo pareja con la calabaza, parece un símbolo más de inocencia de esa ciudad de los gitanos, que es como un belén navideño; y ella y su reflejo en una de las lagunas de la Burla de don Pedro se convierten en dos platillos que la noche puede tocar.

El caballo, que a veces parece simbolizar la pasión amorosa (especialmente si esta está desbocada: el caballo desbocado que al fin encontrará la mar en el Romance de la pena negra o el caballo sin freno de la Burla…), otras veces es un heraldo que anuncia la muerte: el caballo malherido que llamaba a todas las puertas de la ciudad de los gitanos (porque todos iban a morir) o el caballo de larga cola que corre por las calles de Mérida antes del martirio de Santa Ollalla.

El verde del Romance sonámbulo son las algas, el moho, el verdín… que cubren el aljibe y a la gitana que flota muerta en él y tienen, creo, un valor simbólico parecido a las cicutas y ortigas que nacerán en el costado del Amargo. Ese significado simbólico, el de una muerte corrosiva, se extiende por todo el poema de una manera irracional inundándolo todo, hasta el viento. Pero no es el mismo significado del viento verde de Preciosa, ni de las verdes luces de la ciudad de los gitanos.

El agua estancada, sin salida, es símbolo de una pasión también sin salida: la linfa de pozo oprimida de los jarrones del palacio de David o el agua del aljibe.

Las estrellas suelen ser signos negativos que anuncian desgracias: la vitrina de espuelas de los guardias civiles, los mil panderos que hieren la madrugada…

Pero en el Romancero además de símbolos hay que hablar de simbolismo. Los guardias civiles van de noche (nocturnos) en caballos negros, con las herraduras negras, jorobados sobre los caballos, y todos estos rasgos tienen una interpretación no simbólica. Pero es evidente que, superpuesta a esa, hay otra interpretación simbólica que asocia ese color negro con la muerte y la oscuridad y el miedo que nos infunden, y esa postura jorobada con una deformidad moral. Los elementos puramente irracionales (no susceptibles nada más que de una interpretación simbólica) que les acompañan refuerzan esa interpretación: el alma también es negra (de charol) las calaveras son del plomo de las balas, etc.

Aspectos formales

Emilio de Miguel señala cuatro rasgos formales importantes:

Realismo

A pesar del misterio que envuelve a la mayoría de los romances, y de la acumulación de imágenes llenas de sugerencias y aparentemente irreales (panderos que hieren la madrugada, olivos que palidecen, montes que erizan sus pitas, iglesias que gruñen…), los romances tienen una base narrativa real. Lo hemos visto en los resúmenes de los dos primeros romances que son los más irreales. Esos encuentros míticos con la luna y el viento surgen de anécdotas realistas: un niño gitano que muere en la fragua mientras sus familiares están fuera; el susto de Preciosa a la que el viento levanta las faldas y a la que empuja a refugiarse en casa de unos ingleses.

En los demás la base realista es más evidente porque rara vez hay elementos irreales y cuando los hay no anulan la base real de la narración.

Elementos irreales de este tipo son los ángeles que rodean a los gitanos cuando luchan, y asisten y cuidan a los heridos. (¿Ángeles de la guarda con la tarea imposible de cuidar a los gitanos varones?). Así, los ángeles negros de Reyerta que traían pañuelos y agua de nieve y tenían las alas de navajas de Albacete pero los corazones de aceite. (También tenían largas trenzas como las gitanas, ¿serían ángeles femeninos?). O el ángel marchoso que pone la cabeza del Camborio en un cojín…

Asimismo, parecen irreales las dos viejas mujeres que lloran en la copa de un olivo, también de Reyerta. O los caballos que parece que anuncian la muerte: el caballo malherido del Romance de la Guardia Civil o el caballo de larga cola del de Santa Olalla. O las vírgenes gitanas que gritan alrededor de Thamar y recogen la sangre de su flor martirizada.

La mayor parte de las imágenes, sin embargo, tienen un contenido real [aunque al mismo tiempo, también, superpuesto a él tengan un significado simbólico].

Vivificación o antropomorfización de lo inerte o lo animal

Una característica importante de Lorca es la de personificar lo inanimado o inerte. Así, preocupados por Preciosa, los olivos palidecen y el mar frunce su rumor. Llenos de miedo cuando entran los guardias civiles, los relojes se paran y el coñac se disfraza de noviembre. Los viejos cuchillos tiritan de frío por la falta de uso. La luz juega al ajedrez en las celosías indiferente a las inquietudes y fantasías de la monja gitana. Las trenzas persiguen a las gitanas…A veces lo antopomorfizado no son objetos: la noche llama temblando a los cristales perseguida por los perros, el día (como un torero) se va despacio con la tarde colgada al hombro, la tarde cae desmayada en los muslos de los jinetes, la ciudad de los gitanos tiene unas crenchas que no hay que peinar…

Sensualismo y atención a lo concreto

Lorca entendía como condición básica para ser poeta el uso de los cinco sentidos. Estas percepciones sensoriales suelen aparecer como sinestesias unidas a construcciones metafóricas.

Ejemplo: “sangre resbalada gime muda canción de serpiente” En esta expresión hay una metáfora cuyo término real es el reguero de la sangre de Juan Antonio el de Montilla, y la imagen es la serpiente. Pero además nos dice que gime una canción muda. Esa canción muda, que es como un gemido, parece que es el olor de la sangre. Por tanto también hay una sinestesia: el olor de la sangre es un gemido.

Las referencias a los cinco sentidos son abundantes: “Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja”, “El largo viento dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca”, “cuando los cuatro cascos eran cuatro resonancias”, “el puente sopla diez rumores de Neptuno”…

Otro aspecto importante es cómo hace visibles o tangibles sentimientos y conceptos. La pena de los gitanos invade a Soledad Montoya y la vuelve negra: los pechos están ahumados, sus muslos de amapola y sus camisas de hilo se vuelven de azabache; tiene tanta amargura dentro que llora zumo de limón. En el romance sonámbulo es el color verde el que lo invade todo, el pelo y la carne de la gitana, las ramas y el viento, y el mismo poema, que el poeta quiere verde.

Condensación verbal, sinestesia y metáfora

En sus romances Lorca logra una fusión de lo lírico con lo épico. Para él esto se logra por medio de la metáfora. En una célebre conferencia sobre Góngora, explica cómo este logra crear un gran poema lírico capaz de oponerse a los grandes poemas épicos utilizando como elemento constructivo la metáfora. La base narrativa da unidad al poema, pero las metáforas desrealizan el mundo representado y transforman la narración; son las que lo convierten en un poema lírico. Lorca por medio de pasajes llenos de metaforismo y condensación expresiva consigue esa irrealización y el lirismo asociado a ella. [Recordad el ejemplo de Preciosa y el aire que poníamos al principio] En los poemas más oscuros (San Rafael, San Miguel, Muerto de amor) esa desrealización llega hasta el punto de que es muy difícil reconocer la base narrativa.

[Ten en cuenta, sin embargo, que en Lorca la metáfora y la condensación expresiva no son el único medio de desrealización del poema].

Veamos algunos ejemplos de condensación, sinestesia y metáfora.

“El viento vuelve desnudo la esquina de la sorpresa”

Esta expresión es uno de los elementos que, cuando la ciudad de los gitanos está libre de miedo, anuncian la tragedia que se avecina. El viento que se mueve de u lado a otro se lleva la sorpresa de encontrarse con los guardias civiles. Esta sorpresa esta expresada por la imagen de alguien que yendo desnudo vuelve una esquina y se encuentra algo inesperado. El término real de la metáfora es la sorpresa y la imagen es una esquina que el viento vuelve desnudo. Esa manera de presentar el término real y la imagen (metáfora de genitivo apuesto) es muy frecuente en Lorca: “las espadas de los lirios”, “el toro de la reyerta”, “el tambor del llano”, “yedra del escalofrío”…

“Yedra del escalofrío cubre su carne quemada”

El escalofrío (término real) recorre su cuerpo como una yedra cubre un muro; su cuerpo que está quemado por la pasión amorosa. Otra metáfora: la pasión amorosa es un fuego.

“El toro de la reyerta se sube por las paredes”

La reyerta tiene lugar al atardecer, el sol bajo recorta las siluetas de los jinetes que luchan, que se ven a contra luz (“Una dura luz de naipe recorta en el agrio verde caballos enfurecidos y perfiles de jinetes”); esa silueta negra es lo que se identifica con un toro. (T. R. reyerta, I. toro). Por supuesto además el toro tiene valores simbólicos de fuerza y bravura que les convienen a los combatientes.

En agrio verde y caballos enfurecidos podemos ver otro de los procedimientos por los que Lorca consigue esa condensación expresiva: el desplazamiento. Los enfurecidos son los jinetes pero la cualidad se desplaza a los caballos. La acritud también es de los jinetes y se desplaza a la vegetación representada metonímicamente por su color.

“Voz de clavel varonil”

Aquí se mezclan desplazamiento y metáfora. El término real de la imagen clavel debería ser la boca, pero se desplaza a la voz que emite esa boca. Queda así una sinestesia que podemos entender voz roja o voz suave y sedosa. ¿una voz que sangra o una voz hermosa como una flor? ¿O las dos cosas al mismo tiempo?

“Su sexo tiembla enredado como un pájaro en las zarzas”

Aquí hay un símil y un desplazamiento, pero el desplazamiento es de un elemento imaginario a uno real. El sexo de Olalla se compara con un pájaro asustado porque está enredado en unas zarzas, pero el enredamiento pasa de la imagen (pájaro) al término real (sexo).

El desplazamiento a veces afecta a la estructura argumental de todo el romance. En el Romance de la luna, luna me parece que hay un desplazamiento de los sentimientos, que intensifica el misterio que lo envuelve. La preocupación por el niño, que se enfrenta a la muerte, se desplaza a la luna, que es la misma muerte, y el niño le pide que huya cuando es él el que corre peligro y tendría que huir de la muerte



Final

El tiempo ha puesto en su sitio la valoración del Romancero gitano. A pesar de la incomprensión inicial por parte de sus amigos – a los que no les gustó- como por parte del gran público, al que entusiasmó, pero quizá debido a una mala interpretación, hoy la consideramos unánimemente como una de las grandes obras de Lorca. Seguramente la obra cumbre de su primera etapa

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